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Soy autónomo y decidí presentarme a alcalde: esto es lo que he aprendido

Foto del escritor: Marco Musumeci D'Agata
Marco Musumeci D'Agata
30 sept
6 min de lectura

Durante muchos años mi vida profesional estuvo lejos de los despachos políticos.

Como empresario y economista, mi día a día ha estado siempre marcado por decisiones muy concretas: pagar nóminas, asumir riesgos, resolver problemas, gestionar presupuestos, cumplir obligaciones fiscales, atender clientes y conseguir que los números cuadren a final de mes.


Quien ha trabajado como autónomo sabe perfectamente de qué hablo.

Cada error cuesta dinero.

Cada retraso tiene consecuencias.

Cada decisión equivocada acaba apareciendo antes o después en la cuenta de resultados.

Quizá por eso, cuando uno observa el funcionamiento de muchas administraciones públicas, inevitablemente se hace una pregunta:


¿por qué aquello que sería impensable en una pequeña empresa parece a veces aceptarse con normalidad en la gestión pública?


España tiene millones de autónomos

España cuenta con más de 3,4 millones de trabajadores autónomos, y en agosto de 2026 había 63.700 más que un año antes. Es uno de los grandes colectivos económicos del país. (Revista Seguridad Social)


Dentro de esa cifra hay de todo:


Comerciantes.

Transportistas.

Hosteleros.

Electricistas.

Abogados.

Fontaneros.

Agricultores.

Diseñadores.

Médicos.

Consultores.

Taxistas.

Profesionales digitales.

Pequeños empresarios.

Personas que trabajan solas.


Y personas que además crean empleo.

No existe un único tipo de autónomo.


Pero sí existe una experiencia compartida:

cada mes hay que hacer que las cosas funcionen.


Lo que aprende un autónomo sin que nadie se lo enseñe

Ser autónomo obliga a desarrollar habilidades que difícilmente aparecen en ningún programa académico.

Aprendes a controlar gastos.

A negociar.

A priorizar.

A detectar rápidamente cuándo algo no funciona.

A escuchar a clientes.

A anticiparte a problemas.

A asumir responsabilidad por tus propias decisiones.

Y, sobre todo, aprendes una regla que considero fundamental:

el dinero siempre tiene un coste y debe tener un resultado.


Cuando invertimos 10.000 euros en una empresa queremos saber qué conseguimos con ellos.

Cuando contratamos a alguien queremos saber qué función desempeña.

Cuando compramos maquinaria esperamos que produzca.

Cuando externalizamos un servicio controlamos si realmente se presta.

¿Por qué no deberíamos aplicar la misma lógica al dinero público?


Mi decisión de presentarme en Mijas

En 2026 decidí dar un paso más y presentarme como candidato a la Alcaldía de Mijas por PARTIDO AUTÓNOMOS.

No fue una decisión improvisada.

Durante años había observado problemas municipales que se repetían:

contratos que vencen sin que estén preparados los siguientes,

infraestructuras que llegan a deteriorarse antes de ser reparadas,

proyectos anunciados durante años,

urbanizaciones que reclaman mejores servicios,

problemas de vivienda,

movilidad,

limpieza,

sanidad,

atención a mayores,

empleo.

Y fui llegando a una conclusión.

No basta con quejarse de cómo funciona una administración.

También hay que intentar entenderla y proponer alternativas.


Gestionar un Ayuntamiento no es gestionar una empresa

Conviene hacer una distinción importante.

Un Ayuntamiento no es una empresa.

No tiene como objetivo obtener beneficios.

Tiene obligaciones sociales.

Debe garantizar derechos.

Debe atender a personas vulnerables.

Debe cumplir procedimientos administrativos y legales que una empresa privada no tiene.

Y sus decisiones deben estar sometidas a control democrático.

Pero eso no significa que la administración pública no pueda aprender de algunos principios básicos de gestión.

Planificación.

Eficiencia.

Responsabilidad.

Evaluación.

Transparencia.

Medición de resultados.

Un Ayuntamiento puede ser social y al mismo tiempo eficiente.

De hecho, cuanto mejor gestiona sus recursos, más capacidad tiene para desarrollar políticas sociales.


Cada euro público debería poder explicarse

Una de las ideas que más me ha acompañado profesionalmente es la necesidad de medir.

Si una política municipal cuesta un millón de euros, quiero saber qué resultado produce.

Si se destina dinero a empleo, quiero saber cuántas personas encuentran después trabajo estable.

Si se construyen viviendas públicas, quiero saber cuánto cuesta cada vivienda y cuándo se entregan.

Si existe un contrato de limpieza, quiero saber qué porcentaje de servicios contratados se ejecutan realmente.

Si se realiza una obra, quiero conocer presupuesto inicial, coste final y retrasos.

No para perseguir a nadie.

Para gestionar mejor.


La burocracia también tiene un coste

Los autónomos conocemos bien otra realidad:

la burocracia.

Una hora dedicada a un trámite administrativo es una hora que no se dedica a producir, vender, atender clientes o mejorar un negocio.

Eso no significa eliminar controles.

Los controles existen por buenas razones.

Pero los procedimientos deberían ser tan sencillos como sea posible.

Digitalización.

Ventanillas únicas.

Plazos claros.

Administraciones conectadas.

Menos documentos repetidos.

Menos certificados que una administración ya posee.

Reducir burocracia no es eliminar garantías.

Es evitar trabajo inútil.


También he aprendido que no todo se resuelve desde un despacho

Entrar en política municipal también me ha obligado a escuchar más.

Un economista puede analizar presupuestos.

Un técnico puede estudiar una carretera.

Un arquitecto puede diseñar una plaza.

Pero quien vive diariamente en una calle conoce problemas que muchas veces no aparecen en ningún informe.

El vecino sabe dónde se inunda.

El comerciante sabe cuándo una obra está bloqueando clientes.

El padre sabe qué paso de peatones le preocupa.

La persona mayor sabe qué acera no puede utilizar.

Una buena administración necesita técnica.

Pero también necesita escuchar.


Los autónomos estamos acostumbrados a tomar decisiones

Quizá esta sea una de las mayores aportaciones que alguien procedente del trabajo por cuenta propia puede llevar a la administración.

Un autónomo no puede aplazar indefinidamente todos los problemas.

Si una máquina se rompe, hay que arreglarla.

Si un cliente reclama, hay que responder.

Si un proveedor falla, hay que buscar una solución.

Si los ingresos bajan, hay que actuar.

En política, en cambio, algunas cuestiones pueden atravesar varias legislaturas.

Y cada cuatro años volver a aparecer en otro programa electoral.

Eso es algo que me gustaría cambiar.


La política municipal permite comprobar resultados

Una de las razones por las que me interesa especialmente la política local es que sus resultados son visibles.

Una calle está limpia o no.

Una piscina está abierta o cerrada.

Una residencia se construyó o sigue siendo un proyecto.

Una obra terminó o se retrasó.

Una urbanización recibe servicios o continúa reclamándolos.

Un joven encuentra oportunidades o termina marchándose.

La política municipal permite comparar las palabras con la realidad.

Y esa es una ventaja enorme para el ciudadano.


PARTIDO AUTÓNOMOS ya tiene experiencia municipal

PARTIDO AUTÓNOMOS no parte completamente de cero.

La formación está registrada desde 2020 y ya presentó candidaturas municipales en distintos puntos de España en 2023, incluyendo municipios de Alicante, Girona, Granada, A Coruña, Madrid y Málaga. (PARTIDO AUTÓNOMOS - Página web oficial)

La organización define precisamente su proyecto alrededor de la gestión, la representación de autónomos y pequeños empresarios y la participación municipal. (PARTIDO AUTÓNOMOS - Página web oficial)

Mi incorporación en Mijas forma parte de esa experiencia local.

Pero cada municipio es diferente.

Y cada candidatura debería partir de sus propios problemas.


No existe una profesión que otorgue automáticamente capacidad para gobernar

Ser autónomo tampoco convierte automáticamente a nadie en un buen alcalde.

Ni ser economista.

Ni ser abogado.

Ni ser médico.

Ni haber trabajado en política durante veinte años.

La capacidad para gestionar una ciudad depende de muchos factores:

equipo,

conocimiento,

honestidad,

capacidad de escuchar,

criterio,

experiencia,

y resultados.

Por eso creo que el ciudadano debería analizar siempre a las personas, no solamente las siglas.


Lo que me ha enseñado Mijas

Mi experiencia hasta ahora me ha confirmado algo.

La política municipal necesita menos discursos abstractos y más preguntas concretas.

¿Cuánto cuesta?

¿Quién lo hace?

¿Cuándo empieza?

¿Cuándo termina?

¿Cómo sabemos si ha funcionado?

¿Quién responde si no funciona?

Son preguntas muy parecidas a las que cualquier autónomo se hace todos los días.

Quizá por eso cada vez encuentro más sentido a intentar trasladar una parte de esa cultura de responsabilidad hacia la gestión pública.


La política también necesita gente que haya vivido fuera de la política

España cuenta con millones de personas que cada día gestionan pequeños negocios, equipos, clientes, proveedores y problemas reales.

Algunas participarán políticamente.

Muchas nunca lo harán.

Ambas decisiones son legítimas.

Pero creo que sería positivo que las instituciones incorporasen perfiles más diversos.

Trabajadores.

Autónomos.

Profesionales.

Empresarios.

Docentes.

Sanitarios.

Técnicos.

Personas que conocen cómo funciona la economía cotidiana porque la viven directamente.

No para sustituir a los políticos profesionales por otro grupo.

Sino para ampliar la experiencia existente dentro de las instituciones.


Por qué decidí hacerlo

En mi caso, la respuesta es sencilla.

Llegó un momento en que preferí intentar participar en las soluciones antes que limitarme a señalar los problemas.

Mijas será mi primera gran prueba.

Los vecinos decidirán en 2027 si las propuestas que presentemos les parecen adecuadas.

Y así debe ser.

Pero independientemente del resultado electoral, haber dado este paso ya me ha enseñado algo importante:

la política no pertenece a los políticos.

Pertenece a los ciudadanos.


Y cualquier persona que tenga experiencia, ideas y voluntad de servicio tiene derecho a participar en ella.

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