¿Por qué hay casi 3,5 millones de autónomos en España y tan pocos en política?


España roza ya los 3,5 millones de trabajadores autónomos. Solo entre enero y junio de 2026 se sumaron casi 70.000 nuevos afiliados por cuenta propia, y en agosto había 63.700 autónomos más que un año antes. (EFE Noticias)
Es una cifra enorme.
Detrás de ella hay comerciantes, transportistas, abogados, médicos, fontaneros, agricultores, diseñadores, hosteleros, consultores, mecánicos, profesionales digitales y pequeños empresarios.
Personas muy distintas, con actividades completamente diferentes, pero con una experiencia común:
todos tienen que conseguir que su actividad funcione cada mes.
Y precisamente por eso llevo tiempo haciéndome una pregunta:
¿cómo puede un colectivo de casi 3,5 millones de personas tener una presencia política tan limitada?
Los autónomos están en todas partes, menos donde se toman muchas decisiones
Un autónomo paga impuestos.
Cotiza.
Contrata.
Compra.
Vende.
Invierte.
Asume riesgos.
Genera empleo.
Y, sin embargo, buena parte de las decisiones que condicionan su actividad se toman lejos de él.
Fiscalidad.
Licencias.
Urbanismo.
Movilidad.
Terrazas.
Comercio.
Tasas.
Aparcamiento.
Formación.
Contratación pública.
Digitalización.
Burocracia.
Muchas de esas cuestiones se deciden incluso en el ámbito municipal.
Por eso resulta llamativo que haya miles de autónomos en cada provincia y, sin embargo, muy pocos den el paso de participar directamente en la gestión pública.
No existe un único tipo de autónomo
Cuando hablamos de autónomos cometemos a veces un error.
Pensamos que constituyen un grupo homogéneo.
No es así.
Un taxista de Madrid no tiene las mismas necesidades que un agricultor de Jaén.
Un abogado de Valencia no afronta los mismos problemas que un hostelero de Málaga.
Un programador que trabaja desde casa vive una realidad diferente a la de un electricista con cinco empleados.
Pero todos conocen algo que considero esencial:
la responsabilidad directa sobre las consecuencias de sus decisiones.
Si un autónomo calcula mal, lo paga.
Si no escucha a sus clientes, pierde actividad.
Si desperdicia recursos, compromete su negocio.
Si no se adapta, desaparece.
Esa cultura de responsabilidad puede aportar mucho a la administración pública.
La política necesita más experiencia de la economía real
No creo que todos los autónomos deban entrar en política.
Ni mucho menos.
Pero sí creo que las instituciones ganarían mucho si incorporaran más personas que hayan pasado años trabajando fuera de ellas.
Personas que sepan lo que significa:
abrir una persiana cada mañana,
pagar una nómina,
negociar con un proveedor,
cumplir un plazo,
resolver una reclamación,
asumir una pérdida,
o sobrevivir a un mes complicado.
La política profesional aporta experiencia institucional.
La empresa aporta otra experiencia diferente.
Ambas pueden complementarse.
Un Ayuntamiento toma decisiones que afectan directamente al autónomo
La política municipal parece pequeña hasta que se observa cuánto influye en la vida diaria de una actividad económica.
Un Ayuntamiento decide sobre:
licencias de apertura,
ocupación de vía pública,
mercados,
zonas comerciales,
tráfico,
aparcamientos,
obras,
limpieza,
ferias,
turismo,
tributos locales,
polígonos industriales,
y muchas otras materias que afectan directamente a comerciantes y profesionales.
Por eso me interesó especialmente comenzar mi propia experiencia política desde el municipio.
Las consecuencias de una decisión municipal son visibles.
Y también medibles.
Mi experiencia en Mijas
En mi caso, decidí presentar mi candidatura a la Alcaldía de Mijas por PARTIDO AUTÓNOMOS después de años observando cómo determinados problemas se repetían.
Contratos que vencían.
Obras que se retrasaban.
Servicios que no siempre daban el resultado esperado.
Burocracia.
Problemas de vivienda.
Movilidad.
Limpieza.
Sanidad.
Mayores.
Empleo.
Y una administración que, como tantas otras en España, necesita adaptarse a una sociedad mucho más compleja que hace treinta años.
No llegué a la política pensando que gestionar un Ayuntamiento fuera igual que gestionar una empresa.
No lo es.
Pero sí llegué convencido de que una administración también necesita:
control,
planificación,
prioridades,
indicadores,
y responsabilidad.
PARTIDO AUTÓNOMOS ya probó el camino municipal
La experiencia de PARTIDO AUTÓNOMOS no comenzó ahora.
En las elecciones municipales de 2023 presentó candidaturas en municipios de Alicante, Girona, Granada, A Coruña, Madrid y Málaga. (PARTIDO AUTÓNOMOS - Página web oficial)
Eso demuestra algo importante:
la política municipal permite construir proyectos desde abajo.
No hace falta empezar intentando cambiar España entera.
Se puede empezar por un municipio.
Una calle.
Un barrio.
Un problema concreto.
¿Qué puede aportar un autónomo como concejal?
Muchísimo, siempre que esté preparado para aprender cómo funciona una administración.
Puede aportar experiencia en costes.
Negociación.
Organización.
Atención al ciudadano.
Contratación.
Resolución de problemas.
Gestión de equipos.
Priorización.
Y algo que considero especialmente valioso:
sentido de urgencia.
En una empresa no podemos dejar un problema sin resolver durante cuatro años y volver a presentarlo en el siguiente plan estratégico.
Hay que actuar.
Pero entrar en política también exige desaprender
También he descubierto que la administración funciona bajo reglas necesarias que muchas veces no existen en la empresa privada.
Contratación pública.
Intervención.
Fiscalización.
Procedimientos administrativos.
Transparencia.
Publicidad.
Igualdad de acceso.
Todo eso ralentiza determinadas decisiones, pero protege también al ciudadano.
La solución no es eliminar controles.
Es diseñarlos mejor.
Digitalizarlos.
Simplificarlos.
Y evitar duplicidades.
Los autónomos también crean empleo
Existe además otro dato que suele olvidarse.
En junio de 2026 había cerca de 489.400 autónomos con trabajadores a su cargo, responsables de más de 1,15 millones de empleos asalariados, según datos difundidos por UPTA a partir de la afiliación. (EFE Noticias)
Eso significa que una parte importante de los autónomos no trabaja únicamente para sí misma.
También sostiene puestos de trabajo de otras familias.
Cuando una pequeña empresa prospera, puede contratar.
Cuando fracasa, ese empleo desaparece.
Por eso muchas decisiones públicas aparentemente pequeñas terminan teniendo consecuencias económicas importantes.
La representación no debería depender solamente de las grandes estructuras
España necesita grandes partidos.
También necesita organizaciones especializadas.
Asociaciones.
Sindicatos.
Movimientos municipales.
Y ciudadanos que decidan implicarse directamente.
La diversidad política forma parte de cualquier democracia plural.
Que un autónomo participe no significa que tenga que defender únicamente a los autónomos.
Un Ayuntamiento debe gobernar para todos.
Trabajadores.
Mayores.
Jóvenes.
Familias.
Empresarios.
Personas desempleadas.
Pero alguien que conoce el mundo del trabajo por cuenta propia puede aportar una perspectiva que a menudo falta.
¿Por qué tan pocos dan el paso?
Probablemente porque la política exige tiempo.
Y el autónomo suele tener poco.
Porque participar supone exposición pública.
Porque existe desconfianza hacia los partidos.
Porque mucha gente piensa que la política pertenece a otros.
Yo también pensé durante mucho tiempo que podía contribuir más desde fuera.
Hasta que cambié de opinión.
Mi conclusión
España tiene millones de personas acostumbradas a resolver problemas todos los días.
No todas deben convertirse en políticos.
Pero sería extraño que casi ninguna quisiera participar.
Por eso creo que merece la pena abrir un debate nacional:
¿qué ocurriría si más autónomos, profesionales y pequeños empresarios decidieran llevar su experiencia a los ayuntamientos?
No para convertirlos en empresas.
Sino para introducir en ellos una cultura más fuerte de responsabilidad, medición, cercanía y resultados.
Yo he decidido probarlo en Mijas.
Otros decidirán si quieren hacerlo en sus propios municipios.
Y serán los ciudadanos quienes, en cada caso, juzguen si esa experiencia merece su confianza.



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