Más de 20 años como autónomo: ¿por qué esa experiencia puede ser útil en política?


Después de veinte años trabajando por cuenta propia, una persona ha aprendido cosas que difícilmente aparecen en un manual.
Ha vivido crisis.
Ha tenido meses buenos y meses malos.
Ha tratado con bancos.
Con Hacienda.
Con proveedores.
Con trabajadores.
Con clientes.
Con ayuntamientos.
Con administraciones.
Ha sufrido retrasos.
Ha cometido errores.
Ha tenido que rectificar.
Y probablemente ha tenido que reinventarse varias veces para seguir adelante.
Por eso llevo tiempo pensando que existe en España una enorme reserva de conocimiento profesional que rara vez llega a las instituciones.
La de quienes llevan veinte, treinta o incluso cuarenta años trabajando en la economía real.
España tiene millones de autónomos
El número de trabajadores autónomos sigue creciendo. En agosto de 2026 había 63.700 autónomos más que un año antes, según los datos publicados por la Seguridad Social. (Revista Seguridad Social)
Son profesionales de prácticamente todos los sectores imaginables.
Hostelería.
Construcción.
Transporte.
Comercio.
Agricultura.
Tecnología.
Salud.
Asesoría.
Mecánica.
Servicios.
Industria.
Profesiones liberales.
Cada uno conoce una parte diferente de España.
Y quien lleva décadas trabajando conoce además cómo esa sociedad ha cambiado.
Veinte años de profesión también son veinte años de aprendizaje
Una carrera profesional larga proporciona algo que no puede improvisarse:
perspectiva.
Después de veinte años sabes distinguir entre una dificultad puntual y un problema estructural.
Has visto normas cambiar.
Gobiernos cambiar.
Impuestos cambiar.
Crisis económicas.
Transformaciones tecnológicas.
Cambios sociales.
Y sabes que muchas decisiones públicas terminan teniendo consecuencias muy diferentes de las que parecían tener sobre el papel.
Esa experiencia puede ser valiosa en la política municipal.
Un autónomo veterano conoce problemas que un expediente no siempre muestra
Un documento administrativo puede decir que una licencia tarda determinados días.
El autónomo sabe lo que significa esperar esos días sin poder abrir.
Una ordenanza puede establecer una nueva obligación.
El profesional sabe cuánto cuesta cumplirla.
Una calle puede cerrarse durante seis meses por obras.
El comerciante sabe qué supone perder el acceso de sus clientes.
Una administración puede retrasar un pago.
Una pequeña empresa sabe lo que ocurre cuando tiene que pagar nóminas mientras espera cobrar.
La experiencia profesional permite traducir las decisiones públicas a consecuencias reales.
Eso no convierte automáticamente a nadie en buen político
También creo que hay que decirlo claramente.
Llevar treinta años como autónomo no convierte automáticamente a nadie en un buen alcalde o concejal.
La política exige otras capacidades.
Escuchar.
Negociar.
Comprender leyes.
Aceptar controles.
Representar también a quien piensa de manera diferente.
Trabajar dentro de instituciones democráticas.
Y entender que el dinero público no pertenece a quien gobierna.
La experiencia profesional puede aportar muchísimo.
Pero también necesita complementarse con conocimiento institucional y capacidad de servicio.
El valor de haber pasado por dificultades
Existe además algo que aparece después de muchos años trabajando.
Los problemas dejan de asustar tanto.
Quien ha sobrevivido a una crisis económica, a la pérdida de clientes, a meses difíciles o a decisiones equivocadas desarrolla una capacidad especial para afrontar situaciones complejas.
Aprende que los problemas no desaparecen porque uno deje de mirarlos.
Hay que analizarlos.
Tomar una decisión.
Y asumir las consecuencias.
Ese tipo de experiencia puede resultar especialmente útil en política local.
Los ayuntamientos gestionan problemas muy parecidos a los de la vida real
Vivienda.
Empleo.
Comercio.
Aparcamiento.
Limpieza.
Seguridad.
Urbanismo.
Mayores.
Jóvenes.
Infraestructuras.
Muchas decisiones municipales afectan directamente al día a día de quienes trabajan.
Por eso creo que los ayuntamientos pueden beneficiarse cuando dentro de ellos existen perfiles profesionales diversos.
No solo abogados y políticos.
También comerciantes.
Ingenieros.
Médicos.
Autónomos.
Empresarios.
Profesores.
Trabajadores.
Personas que hayan pasado buena parte de su vida fuera de la política.
Mi propia decisión llegó después de muchos años
En mi caso, no decidí entrar en política al comenzar mi vida profesional.
Llegué después.
Después de muchos años trabajando.
Después de conocer empresas y administraciones.
Después de haber tenido que resolver problemas reales.
Y también después de comprender que señalar continuamente lo que no funciona sirve de poco si nadie intenta construir una alternativa.
Por eso decidí presentar mi candidatura en Mijas por PARTIDO AUTÓNOMOS.
PARTIDO AUTÓNOMOS ya presentó candidaturas municipales en distintos municipios españoles en 2023 y obtuvo representación en Castell d’Aro-Platja d’Aro-S’Agaró. (PARTIDO AUTÓNOMOS - Página web oficial)
Mi experiencia es solamente una entre muchas posibles.
Hay profesionales con un conocimiento extraordinario que nunca han entrado en política
Pienso en una persona que ha dirigido un restaurante durante treinta años.
Conoce turismo.
Personal.
Proveedores.
Horarios.
Licencias.
Costes.
Consumo.
Clientes extranjeros.
Pienso en un constructor que lleva décadas viendo cómo funcionan las licencias urbanísticas.
En un transportista que conoce carreteras y movilidad mejor que muchos informes.
En un comerciante que ha visto transformarse el centro de su ciudad.
En un agricultor que conoce el territorio.
En un médico autónomo que conoce las dificultades de pacientes y profesionales.
Todo ese conocimiento existe.
La cuestión es cómo puede aprovecharlo la sociedad.
No hace falta convertir toda una vida en una carrera política
Participar en política tampoco significa necesariamente convertirse en político profesional.
Alguien puede dedicar una etapa de su vida al servicio público.
Cuatro años.
Ocho.
Aportar experiencia.
Formar equipos.
Impulsar proyectos.
Y después volver a su profesión.
Ese modelo también puede tener valor.
La política no tendría por qué ser siempre una carrera para toda la vida.
La experiencia puede aportar independencia de criterio
Después de décadas trabajando, muchas personas ya tienen una identidad profesional construida fuera de la política.
Eso puede permitirles entrar con una perspectiva distinta.
No necesitan construir toda su vida alrededor de un cargo.
Tienen una profesión.
Una trayectoria.
Una experiencia anterior.
Y eso puede favorecer una relación diferente con el poder.
Aunque, de nuevo, nada garantiza por sí solo la independencia o la buena gestión.
Depende de cada persona.
La política municipal necesita equipos, no salvadores
También desconfío de la idea de que una sola persona pueda arreglar un municipio.
No funciona así.
Un buen alcalde necesita buenos concejales.
Buenos técnicos.
Buenos funcionarios.
Buenos directores.
Y profesionales especializados en cada área.
La experiencia de un autónomo puede ser especialmente útil para construir esos equipos y exigir resultados.
Pero ningún proyecto serio depende únicamente de una persona.
Después de veinte años uno sabe que nadie lo sabe todo
Quizá esta sea una de las lecciones más valiosas de una carrera profesional larga.
Aprendes a reconocer aquello que no sabes.
Y a buscar a alguien que sí lo sepa.
Si tengo un problema jurídico, busco un abogado.
Si necesito diseñar una infraestructura, busco un ingeniero.
Si necesito gestionar residuos, quiero a alguien que haya dedicado su carrera a ese sector.
Ese mismo principio debería aplicarse a la administración.
El político no necesita saber hacerlo todo.
Necesita saber elegir equipos capaces de hacerlo.
La experiencia de millones de personas está ahí
España dispone de una enorme cantidad de conocimiento acumulado entre sus trabajadores autónomos.
El crecimiento reciente del colectivo demuestra además que sigue teniendo un peso económico muy importante. (Revista Seguridad Social)
La cuestión no es que todos deban entrar en política.
Sería absurdo.
La cuestión es que quienes llevan décadas trabajando no deberían pensar que su experiencia carece de valor dentro de las instituciones.
Al contrario.
Puede aportar una perspectiva difícil de obtener de otra manera.
Mi reflexión después de todos estos años
Hay un momento en la vida profesional en el que uno empieza a preguntarse no solo qué ha conseguido para sí mismo, sino qué puede aportar con todo lo aprendido.
Cada persona encontrará su respuesta.
Algunas enseñarán.
Otras crearán nuevas empresas.
Otras ayudarán a jóvenes profesionales.
Otras participarán en asociaciones.
Y algunas decidirán dedicar una etapa de su vida a la política.
En mi caso, esa decisión me ha llevado hasta Mijas.
No sé cuántos profesionales veteranos harán algo parecido.
Pero sí tengo clara una cosa:
veinte años de trabajo significan veinte años acumulando conocimiento sobre cómo funciona realmente una sociedad.
Y ese conocimiento también puede ser útil dentro de un Ayuntamiento.



Comentarios