Mijas y el peligro de convertir los ayuntamientos en sucursales de los partidos


Marco Musumeci D'Agata analiza el relevo político que llevó a Ana Mata a la Alcaldía y defiende una política municipal mucho más libre de las estructuras nacionales.
Lo ocurrido en Mijas después de las elecciones municipales de 2023 merece, en mi opinión, una reflexión que va mucho más allá de nombres, siglas o simpatías políticas. Habla de cómo entendemos la democracia municipal y de hasta qué punto los grandes partidos nacionales pueden terminar alejando las decisiones locales de los ciudadanos que depositan su voto en las urnas.
El 28 de mayo de 2023, el Partido Popular concurrió a las elecciones municipales de Mijas encabezado por Ángel Nozal. El resultado otorgó diez concejales al PSOE, nueve al PP, tres a Vox, dos a Ciudadanos y uno a Por Mi Pueblo. Nozal, por tanto, fue quien encabezó la candidatura popular presentada a los mijeños. Tras conocerse posteriormente el acuerdo de gobierno entre PSOE, Ciudadanos y Por Mi Pueblo, anunció que no tomaría posesión de su acta.
A partir de ahí comenzó una secuencia política que considero profundamente reveladora.
Ana Mata, número dos de aquella candidatura, pasó a encabezar el grupo municipal del PP.
Apenas unos meses después, el 2 de noviembre de 2023, fue proclamada alcaldesa como consecuencia de una moción de censura apoyada por los nueve concejales del PP, los tres de Vox y Juan Carlos Maldonado, entonces concejal no adscrito. La votación terminó con trece votos favorables, diez contrarios y dos abstenciones. El procedimiento se desarrolló conforme a la legislación electoral y, por tanto, su legalidad institucional no está en cuestión.
Pero legalidad y calidad democrática no son necesariamente conceptos idénticos.
Lo que considero políticamente difícil de asumir es que una persona que no encabezó ante los ciudadanos una campaña electoral para convertirse en alcaldesa terminara ocupando la Alcaldía pocos meses después mediante acuerdos posteriores a las elecciones.
Las mociones de censura son un instrumento perfectamente democrático y están previstas por nuestro ordenamiento. El debate que planteo es diferente: si el funcionamiento de los grandes partidos nacionales puede terminar haciendo que la voluntad expresada por los vecinos quede demasiado condicionada por negociaciones entre estructuras políticas, direcciones provinciales y estrategias que sobrepasan los intereses estrictamente municipales.
El caso de Ángel Nozal debería hacernos reflexionar
También merece atención lo ocurrido con Ángel Nozal. Fue alcalde de Mijas entre 2011 y 2015, encabezó nuevamente la candidatura popular en 2023 y fue la persona que pidió directamente el voto de los ciudadanos para gobernar el municipio. Después de conocerse que no existían posibilidades de alcanzar la Alcaldía tras los pactos post-electorales, decidió abandonar el Ayuntamiento antes incluso de recoger su acta.
Dos años más tarde, Nozal terminó abandonando también el Partido Popular después de 43 años de militancia. En su explicación pública sostuvo que la gestión del Gobierno municipal encabezado por Ana Mata y la actitud del grupo municipal eran, en numerosos aspectos, contrarias a sus principios, y denunció además el incumplimiento del programa electoral que los ciudadanos habían votado en 2023. Son sus afirmaciones y deben entenderse como tales.
Existe además información periodística que describe tensiones anteriores entre Nozal y la dirección provincial del PP y señala que desde la estructura del partido se le había solicitado en distintas ocasiones que diera un paso al lado.
Cada ciudadano podrá sacar sus propias conclusiones.
La mía, como economista y como persona que cree profundamente en la autonomía de las instituciones locales, es que los municipios necesitan recuperar libertad política frente a las grandes estructuras nacionales.
Un Ayuntamiento no debería ser una sucursal de Madrid, Sevilla o Málaga
Los problemas de Mijas no son los mismos que los de Madrid. Tampoco son necesariamente los mismos que los de Sevilla.
Mijas tiene sus propios desafíos: vivienda, movilidad, infraestructuras, limpieza, seguridad, urbanismo, comercio, autónomos, servicios públicos y una población extraordinariamente internacional.
Por eso siempre defenderé que un concejal debe responder primero ante los vecinos que lo han elegido, no ante la dirección provincial, autonómica o nacional de su partido.
Cuando la disciplina interna de una organización política termina teniendo más peso que la responsabilidad individual del representante público ante sus ciudadanos, aparece un problema democrático que merece ser discutido.
No estoy cuestionando la existencia de los grandes partidos nacionales. Son una pieza legítima y fundamental de nuestro sistema democrático. Lo que cuestiono es una excesiva centralización de la política municipal, porque puede terminar convirtiendo a los ayuntamientos en piezas de estrategias políticas diseñadas a cientos de kilómetros del municipio.
La política local debería recorrer precisamente el camino contrario.
Más autonomía.
Más libertad de voto de los concejales.
Más transparencia en los pactos.
Más responsabilidad personal ante el ciudadano.
Y menos obediencia automática a estructuras partidistas.
Mijas debe pertenecer a los mijeños
Para mí, gobernar un municipio debería significar algo muy sencillo: administrar cada euro público con responsabilidad, medir sus resultados y trabajar para que cualquier persona pueda aspirar a una vida digna.
Significa defender una sanidad excelente, una vivienda accesible, infraestructuras adecuadas, oportunidades para nuestros jóvenes y mayores, y un entorno donde autónomos, trabajadores, comerciantes y pequeñas y medianas empresas puedan desarrollarse sin una burocracia asfixiante.
Y significa, sobre todo, comprender que el Ayuntamiento pertenece a los ciudadanos.
No pertenece al PP.
No pertenece al PSOE.
No pertenece a Vox.
No pertenece a PARTIDO AUTÓNOMOS.
Ni debería pertenecer jamás a ninguna organización política.
Pertenece a Mijas.
Los partidos somos únicamente instrumentos temporales para representar a los ciudadanos.
Cuando olvidamos esa diferencia, empieza el verdadero problema.
La experiencia política vivida en Mijas desde 2023 debería servirnos precisamente para abrir ese debate: si queremos ayuntamientos gobernados desde las estructuras de los grandes partidos o instituciones locales mucho más independientes, transparentes y directamente responsables ante sus vecinos.
Yo tengo clara cuál debe ser mi forma de entender la política municipal: Primero es Mijas, después cualquier partido.



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