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De cada 100 euros que paga un cliente, ¿cuánto le queda al trabajador autónomo?

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Elecciones Municipales Mijas 2027
1 oct
6 min de lectura

El economista y empresario Marco Musumeci D'Agata plantea una reforma profunda de la fiscalidad del trabajador autónomo, basada en un tramo único de IRPF rebajado, sencillo y previsible, y propone abordar también los incentivos que alimentan parte de la economía sumergida.


Cuando un consumidor paga 100 euros en una tienda, un pequeño negocio o por un servicio prestado por un trabajador autónomo, puede parecer que ese profesional acaba de ganar 100 euros.


La realidad económica es muy diferente.

Para entenderlo, podemos seguir el recorrido de esos 100 euros desde el momento en que salen del bolsillo del consumidor hasta que una parte de ellos termina convirtiéndose realmente en capacidad de consumo para el trabajador autónomo.


Primer paso: dentro de los 100 euros ya está el IVA

Tomemos como ejemplo una operación sometida al tipo general del IVA, actualmente situado en el 21%. (Agencia Tributaria)

Si el consumidor paga exactamente 100 euros, IVA incluido, esa cantidad se divide aproximadamente así:

82,64 € de base imponible

17,36 € de IVA


Por tanto, aquellos primeros 17,36 euros no pueden considerarse beneficio del autónomo.

El IVA se liquida posteriormente con Hacienda, teniendo en cuenta también el IVA soportado que resulte deducible en los gastos de la actividad.


Así que los 100 euros iniciales ya se han convertido en 82,64 euros antes siquiera de calcular cuánto cuesta mantener abierto el negocio.


Segundo paso: trabajar también cuesta dinero

Un autónomo necesita comprar mercancía o material, pagar alquiler, electricidad, teléfono, combustible, seguros, gestoría, publicidad, software, mantenimiento, comisiones bancarias y otros muchos gastos dependiendo de su actividad.

No existe un porcentaje universal aplicable a todos los negocios.

Pero para construir una simulación sencilla podemos asumir que los gastos generales representan alrededor del 30% de la facturación neta de IVA.


Es solamente una hipótesis de trabajo para visualizar el recorrido del dinero.

Sobre los 82,64 euros:

–24,79 € de gastos generales

Quedarían aproximadamente:

57,85 €


Y todavía no son 57,85 euros disponibles para vivir.


Tercer paso: IRPF

Supongamos ahora, exclusivamente para esta simulación, que el trabajador soporta finalmente un tipo efectivo de IRPF del 30% sobre ese rendimiento.

No significa que todos los autónomos paguen un 30%.

El IRPF real depende de los ingresos anuales, circunstancias personales y familiares, comunidad autónoma, deducciones, reducciones y demás elementos de la declaración.

Pero utilizar ese 30% como ejemplo permite comprender perfectamente el efecto acumulativo.

Sobre los 57,85 euros:

30% de IRPF: –17,36 €

Después del IRPF quedarían aproximadamente:

40,50 €


De aquellos 100 euros que inicialmente pagó el consumidor, nuestro trabajador autónomo dispondría en esta simulación de unos 40,50 euros de renta después de gastos e IRPF.

Y todavía estamos simplificando el ejemplo.

Porque faltaría considerar la cotización correspondiente a la Seguridad Social.


Y el recorrido no termina ahí

Supongamos ahora que el trabajador utiliza esos 40,50 euros para pagar sus propias necesidades.

Compra ropa.

Paga determinados servicios.

Compra productos para su hogar.

Repara su vehículo.

Consume bienes gravados al tipo general.

En muchas de esas operaciones volverá a encontrarse con el IVA.

Si hipotéticamente esos 40,50 euros se gastaran íntegramente en bienes o servicios sometidos al IVA general del 21%, la capacidad de compra equivalente antes de ese IVA sería aproximadamente:

33,47 €

Es decir:

Cliente paga: 100 €

IVA incluido en la venta:

–17,36 €

Quedan:

82,64 €


Supuesto de gastos generales del negocio del 30%:

–24,79 €

Quedan:

57,85 €

Supuesto ilustrativo de IRPF efectivo del 30%:

–17,36 €

Renta disponible:

40,50 €


Si toda esa renta se consume posteriormente en operaciones gravadas al 21% de IVA:


capacidad de consumo neta de IVA: aproximadamente 33,47 €

Y, repito, en esta simulación todavía no hemos descontado específicamente la cotización del trabajador autónomo a la Seguridad Social.

Por tanto, el objetivo de este ejercicio no es afirmar que todos los autónomos se quedan exactamente con 33,47 euros.

Eso sería falso.


El objetivo es mostrar de una manera comprensible la enorme diferencia que puede existir entre lo que paga un cliente y la capacidad económica que finalmente obtiene la persona que ha generado esa venta.


Un euro puede atravesar distintas capas fiscales

Cuando explicamos este recorrido debemos ser técnicamente rigurosos.

No estamos diciendo que Hacienda cobre varias veces exactamente el mismo impuesto.

Son hechos económicos e impuestos diferentes.

El IVA grava el consumo.

El IRPF grava la renta.

La Seguridad Social financia un sistema de prestaciones y protección social.

Los impuestos especiales gravan determinadas actividades o productos.

Pero para el ciudadano que trabaja existe otra perspectiva perfectamente legítima:


¿cuánto poder adquisitivo termina obteniendo después de todo el recorrido?


Esa es la pregunta económica que debemos hacernos.


Mi propuesta: un tramo único y rebajado de IRPF para el trabajador autónomo

Como economista y empresario considero que España debería estudiar seriamente una reforma específica del IRPF aplicable a los trabajadores autónomos.

Mi propuesta es establecer un tramo único de IRPF rebajado sobre el rendimiento neto de la actividad autónoma.


No considero responsable fijar ahora cuál debe ser exactamente ese porcentaje.

Para hacerlo correctamente habría que estudiar su impacto sobre la recaudación, la actividad económica, el empleo, el consumo y las cuentas públicas.


Pero sí considero necesario fijar el principio.

El trabajador autónomo debería poder saber de una forma sencilla y previsible:


“De cada euro de beneficio real que genero, esta es la cantidad que corresponde al IRPF.”


Sin una estructura excesivamente complicada.

Sin incertidumbre permanente.

Y sin que crecer pueda convertirse en una preocupación fiscal constante.


Simplificar también es política económica

España necesita recaudar para financiar sanidad, educación, pensiones, seguridad, infraestructuras y servicios públicos.

Pero un sistema tributario también debe tener en cuenta los incentivos que genera.

La OCDE ha señalado que en España los costes de cumplimiento fiscal y la complejidad regulatoria afectan proporcionalmente más a las pequeñas empresas que a las grandes y pueden convertirse en un obstáculo para su crecimiento y competitividad. (OECD)

Eso debería preocuparnos.


Porque una economía no se fortalece solamente aumentando la recaudación sobre quienes ya producen.

También se fortalece consiguiendo que más personas produzcan.


Y aquí aparece la economía sumergida

La economía sumergida es un fenómeno complejo.

No puede explicarse únicamente por los impuestos.


Hay factores culturales, laborales, regulatorios y económicos.

Pero considero igualmente equivocado ignorar los incentivos que produce un sistema demasiado complejo o una diferencia excesivamente grande entre facturación y renta disponible.

Si queremos reducir realmente la economía sumergida, necesitamos inspección y cumplimiento de la ley.

Pero también necesitamos hacer que permanecer dentro del sistema sea económicamente atractivo.


Ese debería ser uno de los objetivos fundamentales de una reforma del trabajo autónomo.

Un sistema fiscal sencillo.

Previsible.

Comprensible.

Y competitivo.


Menos economía sumergida significa ampliar la base

Existe una idea que deberíamos estudiar con profundidad.

La recaudación pública depende de dos grandes elementos:

cuánto paga cada contribuyente

y

cuántos contribuyentes y cuánta actividad económica existen dentro del sistema formal.


Si conseguimos que más profesionales declaren su actividad, que más personas se animen a emprender, que más pequeños negocios crezcan y que una mayor parte de la economía permanezca dentro de los circuitos oficiales, ampliamos también la base sobre la que puede recaudar el Estado.

Por eso considero que una reforma del IRPF del autónomo no debe analizarse únicamente preguntando:


“¿Cuánto dejamos de recaudar por cada contribuyente?”


También debemos estudiar:


“¿Cuánta nueva actividad económica podemos incorporar y hacer crecer dentro del sistema?”


El trabajador autónomo no debería morir en el intento

El autónomo trabaja.

Invierte.

Asume riesgos.

Busca clientes.

Compra mercancía.

Paga proveedores.

En muchos casos crea puestos de trabajo.

Y además cumple una enorme cantidad de obligaciones fiscales y administrativas.

Por eso considero que España debe dejar de observar al autónomo únicamente como un contribuyente.


Es, ante todo, un trabajador y un generador de actividad económica.

Nuestro ejemplo de los 100 euros no pretende establecer una regla matemática para todos.

Pretende visualizar una realidad que muchas veces queda escondida detrás de las cifras de facturación.


En determinadas circunstancias, 100 euros pagados por un consumidor pueden convertirse en poco más de 30 euros de capacidad de consumo neta de IVA para quien desarrolló la actividad, antes incluso de introducir todas las particularidades de la cotización y otros posibles impuestos indirectos.


Como economista considero que tenemos que estudiar otra forma de hacerlo.

Un tramo único y rebajado de IRPF para los trabajadores autónomos, unido a una simplificación administrativa profunda, puede formar parte de una estrategia más amplia para favorecer el emprendimiento, mejorar la renta disponible y hacer menos atractiva la economía sumergida.


No se trata de que el autónomo deje de contribuir.


Se trata de que pueda contribuir sin morir en el intento.


Porque una economía fuerte no se construye únicamente recaudando.

Se construye consiguiendo que trabajar, emprender, crecer y declarar la actividad económica merezca la pena.

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